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Altzoko Handia

Presentación

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Migel Joakin Eleizegi Ateaga (1818-1861), Altzoko Handia

En el mundo soy El Gigante Eleizegi, en el País Vasco el Gigante de Altzo, y en Altzo soy Nuestro Grande. En el atrio de la iglesia está marcada mi altura sentado. Me llevaron por el mundo. No para que yo lo viera, sino para que el mundo viera cómo era yo: comilón, bebedor, fumador... Actué en teatros provocando miedo y admiración. Una reina pequeñita me dijo que era un hermoso muchacho. Me nombraron en los papeles. Pero al fin el mundo se aburrió de verme. Entonces se acabaron mis granduras.

 

 

 

 

 

Cronología

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  • 1818 Nacimiento de Migel Joakin Eleizegi Ateaga en el caserío Ipintza Haundi de Altzo Azpi.
     
  • 1830-32 Acromegalia: disfunción de la hipófisis, exceso de hormonas. Migel Joakin empieza a transformarse en Nuestro Grande.
     
  • 1841 El empresario Phileas Taylor Barnum abre un museo en Nueva York para exhibir freak shows y ethnic shows. Eleizegi en Madrid. Retrato a pluma con su padre y su hermano.
     
  • 1843 Firma un contrato para ser exhibido en público durante un año por Donostia, Bilbao, Zaragoza, Madrid, Lisboa...
     
  • 1844 Llegada a París de un grupo de indios botocudos de la Amazonia, a fin de ser estudiados por los antropólogos del Museum.
     
  • 1845 Eleizegi en París, espectáculo en la sala Montesquieu. Actúa en la pieza Le Petit Poucet. En el intermedio, bailes de los indios iowa. Muere Juan Inazio Iztueta sin terminar su Historia de Guipúzcoa. Deja escrito que Eleizegi “ha recorrido los reinos de España, Portugal y Francia”.
     
  • 1846 Llega a Toulouse. Quince días recibiendo visitas en hotel Joly. Retrato a lápiz del artista Lujol. “Eleizegi se está haciendo cada día más famoso en París”, comenta la prensa italiana. Segunda exhibición en Madrid.
     
  • 1847 Se publica la Historia de Guipúzcoa de Iztueta: primera descripción de Nuestro Grande en el País Vasco.
     
  • 1850 Actúa en París con los enanos el Príncipe y la Princesa Colibrí, en el Jardin d'Hiver. “Eleizegi, como todos los fenómenos, es explotado encerrado en un escaparate”, dice la prensa. Se exhibe en Londres en la sala Cosmorama de Regent street.
     
  • 1851 Construcción de “Una calle de El Cairo” en el Crystal Palace londinense. Tercera temporada en Madrid: “Non plus ultra”.
     
  • 1853 Otorga testamento. Tenía dinero. Trece zulús inician una gran jira por Europa.
     
  • 1854 Eleizegi en Mallorca.
     
  • 1859 Debilidad general, consecuencia de la acromegalia. Trata de recuperar el dinero prestado a unos y otros. Pide ayuda económica a la Diputación, que le es denegada.
     
  • 1861 Nuevo testamento: firma temblorosa. Muere Migel Joakin Eleizegi, Gure Haundie.
     
  • 1867 Altzo aparece en las guías del viajero por Gipuzkoa gracias a su Gigante. Eduard Garnier lo incluye en su Les Nains et les Géants: Migel Joakin Eleizegi se instala en la historia del gigantismo.

 

Tambor mayor en Londres

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Se anunciaba que comía como tres y bebía como cuatro. Quizá sea cierto. Cuando me hice grande en casa éramos ocho hermanos, y no nos sobraba nada. Juan José y José Antonio se embarcaron para Montevideo. Entonces me mostraron el contrato, y firmé. Y allá se fue un altzotarra por esos mundos.

¡Lo que no me pasó a mí...! Estaba puesto con buena letra que no me llevarían por mar, pero parece ser que en Inglaterra me estaban esperando. ¡El barco se balanceaba! El mar tiene malos camineros. A mi alrededor sólo oía que el dinero tenía mucho valor en Londres.

Siempre fui barbilampiño, pero me compraron unos buenos postizos en París. Y yo paseándome por Regent street agitando mi bonito bastón, al frente de un grupo de soldados. ¡Qué traje! ¡Qué tamborrada! Allí también causé admiración, y no tuve que comer castañas podridas.

 

 

 

 

Mis manos en Paris

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Yo enorme, ellos diminutos. Teníamos fama en Paris, es cierto. La Princesa Colibrí bailaba en mi mano. Yo me convertía en Ogro y ella, asustada, se escondía dentro de una bota mía que estaba en el rincón. Y todos reían. Encendía un puro y se lo pasaba al Príncipe. Y todos reían de nuevo.

Iztueta puso en sus papeles que yo estaba bien formado. Decían que mis manos eran muy elegantes. Incluso más que las de un tal Franz Liszt. Debía de ser un músico, pianista. Me llevaron a la casa Susse, donde hacían figuras de arte. Allí me tomaron el molde de las manos para fundirlas en bronce.

Cuando vi mis manos en el escaparate de Susse, me sentí mal. Como si me las hubiesen cortado. Y en un papelito ponía que eran las manos del Gigante Eleizegi. Ya no era dueño de mi cuerpo. Quise comprarlas, pero me dijeron que el trato no era ése. Lo pasé mal durante un tiempo.

Yo y mis huesos

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¡Miguel Joaquín —me decía el párroco—, a la cruz, como Cristo! Yo abría los brazos en la fachada de la iglesia, él hacía las marcas. Luego medía de una a otra marca con un bastón rayado. Todavía están ahí. Parece que la marca de la altura no está muy arriba. Hay que tener en cuenta que en aquella época el suelo estaba más bajo. Y yo necesitaba unas piernas que llegasen hasta el suelo, eso es lo que solía decirme Imaz, el versolari de Legarre.

La asociación de médicos de Londres tenía un Museum. Y allá fuimos a visitar al famoso James Toller. Era un esqueleto, todo desnudo, tumbado, a la vista. Y pregunté: ¿Vais a vender mis huesos? Se ofendieron. Lo habían enterrado en la iglesia de Eynesbury para que no lo robaran. Pero luego lo trajeron al Museum, ¡pobre Toller! A mí me enterraron en el cementerio que hay subiendo los escalones de piedra junto a la iglesia. Ahora no estoy ahí. Perdí mis granduras, perdí mis carnes, perdí mis manos y todas mis piezas. Me robaron, y no sé dónde estoy.

Manuel Antonio Imaz plantó un haya cuando yo tenía dieciocho años. Tú eres alto —me dijo—, pero este árbol será alto y ancho. Todavía vive, alto, ancho y fuerte. Yo en cambio... Conocí a muchos pequeños que tenían más altura que yo. Sí, tapaba la mitad del teclado con mis dos manos, ¿pero cómo se hace música?

Y dije que no

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En París, en el Café de Mulhouse, encendía el cigarro en las lámparas de gas que colgaban del techo. Le gente venía a verme. Una vez, vi Le Géant Eleicegui en un periódico, con letras grandes. Y debajo muchas palabras, era un escrito largo. Pedí que me lo explicara a un periodista amigo. Lo que me contó, me dio qué pensar.

“Eleizegi, como todos los fenómenos, está explotado bajo una campana de cristal. Es una vida bien triste la suya. Más le valdría alistarse en algún regimiento como tambor mayor. Se lo recomendamos sinceramente. Eso es lo que dice el papel, Joaquín... Te están explotando. ¿Sabes lo que quiere decir estar explotado?”

De la sala Montesquieu nos llevaban al Jardin d’Hiver. Allí también estábamos sous cloche, como decía el papel, Tom Pouce y yo. Teníamos que comer uno frente al otro ante el público. Había apuestas cuánto comería yo. Tenían una balanza, y pesaban la comida de los dos. Yo tragaba y tragaba, siempre hambriento, y el público tenía que creer que al final me iba a tragar a Tom Pouce... Y una vez dije que no, que estaba asqueado.

Yo no era yo

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Con el cepo al cuello miraba a aquel pequeño diablo y me venía el recuerdo de cuando yo era un niño normal. En esta ermita tirábamos de la cuerda: cuántos años, tantas campanadas en nuestro cumpleaños. De recién nacidos nos traían aquí, para que Santa Bárbara nos ayudase a aprender a hablar. Pero al mundo no le interesaba lo que yo pudiese decir, yo tenía que gritar, tenía que espantar... Yo no era yo. Me tenían como un queso en una campana de cristal y me empezó a afectar un gusano, el gusano de la vergüenza.

Dínos, Grande, ¿dónde has andado? Por tierra y por mar. Dínos, Grande, ¿cómo es el mundo? Su mar es dulce, su tierra es salada. Dínos, Grande, ¿qué dicen en el mundo? En el mundo dicen Ni, ni, c’est fini Eleicegui! El mundo necesita cosas nuevas cada día. Ahora busca algún otro para llamarle Goliat, Hércules, Frankenstein...

 

 

Yo, yo
yo soy yo
le Géant Eleizegi
domingo mercredi!

Tú, tú
qué eres tú
no presumas tanto
Grand Géant Eleizegi!

Yo, yo
c’est fini
c’est fini la comédie
cinco liebres en un haya!

Obra de arte: Juanba Berasategi
Escritura: Koldo Izagirre

Recorrido Altzoko Haundia

Folleto

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